viernes, 18 de mayo de 2012

2º A REFLEXIONA SOBRE SU BLOG DE AULA

Hace unos días recibí una amable invitación de El Premio Fundación Telefónica para la Innovación educativa, en la que nos animaban a reflexionar sobre el uso de las tic en el aula. En aquel momento tuiteé que para mí trabajar con las tic había significado poder enganchar a los alumnos más reticentes y es así desde hace dos años. A partir de esa reflexión y gracias a alguna otra conversación tuitera, me planteé  trasladar la cuestión a mis alumnos de 2º de eso. Les pedí que en unas pocas líneas contaran lo que para ellos había significado trabajar este año con su blog de aula Leemosycompartimos, esta ha sido su respuesta y francamente  #miPremio en estos tiempos de desolación educativa.

miércoles, 25 de abril de 2012

EL UMBRAL CUMPLE DOS AÑOS, AGRADECIDA Y POÉTICAMENTE

Dice Ken Robinson en su libro El Elemento:

"Para la mayoría de la gente, conectar con otras personas que compartan la misma pasión y el mismo deseo de sacar el máximo partido de sí mismos es parte fundamental de encontrarse en su Elemento".

Corroboro esta cita de Robinson y afirmo que la blogosfera educativa aporta muchas de las piezas que configuran ese "Elemento" por muchas razones, las fundamentales desde mi punto de vista son poder compartir y aprender. "El culpable" (entre comillas) de que yo me iniciara en todo esto fue Antonio Solano en provechosas tardes de academia, allá por el 2009. Tanto a mí como a muchos otros, nos hizo ver la necesidad de introducir las tic en nuestra práctica docente y creo que de este modo me ayudó a intentar ser un poco mejor profe.
El Umbral de la Palabra nació como blog de reflexión educativa y otras cosilla relacionadas con la práctica de la literatura. Cuando me lancé a introducir las tic en mis unidades didácticas creé otro blog de aula, Leemos y compartimos donde plasmar las actividades que íbamos haciendo y los proyectos a los que nos adheríamos. Muy importante fue para nosotros participar en Poesía eres tú de la mano de Silvia Gongo y Pep Hernández . Algunas actividades de esta época quedarán siempre en el recuerdo.
Todo este trabajo estuvo siempre amparado por mis magníficas compas del IES Turís, donde estuve dos años consecutivos, ellas: Concha, Paqui, Consol y Marisa, siempre me alentaron y ayudaron de mil maneras para que pudiera llevar a cabo estas tareas. 
Este año he tenido la suerte de poder impatir la optativa de Literatura Universal con los alumnos de 2º bach, iniciando otra aventura con el blog realizado por los alumnos del IES Jaume II El Just,  Siete lectores para seis libros.
Otro momento importante en este recorrido, fue la asistencia a Novadors, subidón de alegría educativa y buen hacer, donde tuve el placer de conocer a dos magníficas profes Maru  e Inés y empaparme de tantas buenas prácticas docentes como pude. Y...claro después de todo esto, sucumbí a twitter, magnífica red social de intercambios educativos que me permite seguir aprendiendo mucho...todo un vicio. 
Voy acabando que me estoy poniendo casi melancólica, como la canción. No sin antes permitirme un poemita, esta vez en catalán, quiza por lo del 25 d´Abril, quizá por apetencia personal y también porque lo que están intentando hacer con esta preciosa lengua y con todo lo que tiene que ver con cultura y educación no tiene nombre.

LA PARAULA

La paraula camina
per senders deslligats
d´una realitat
de vegades dissortada.

Fa el seu viatge,
ones endins,
esbrinant la maror,
cercant l´orige
d´aquest moviment.

Es el part de les idees
darrer racó del pelegrí.

Sempre que els vents
fan crestejar l´onada
la paraula es al bell mig,
esdevenint poesia per atzar

Va fent camí
lliurant la seua batalla
amb el crepuscle,
minvant les forces
desfent-se.

Per tornar
sempre que el vent
faça crestejar
qualsevol onada.

Siga així
per sempre.






 

sábado, 21 de abril de 2012

LIEBSTER BLOG.

Agradezco a mi compa virtual Alberto que desde su blog La bitacora de la lengua haya elegido El Umbral de la Palabra para otorgarle este cariñoso premio. En estos tiempos de penuria y descrédito educativo, en que asistimos absortos y para mi gusto, excesivamente pasivos, a tal ingente cúmulo de despropósitos por parte de los políticos, abrir el ordenador y encontrar este regalito, ha sido una inyección de alegría y optimismo.
Aquellos blogs mencionados con el LIEBSTER BLOG deberán realizar las siguientes tareas:

  • Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que se lo ha otorgado.
  • Premiar a sus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de doscientos seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
  • Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.
 Mis LIEBSTER BLOGS son:

 Blog de mi compa Sara, al que tengo especial cariño, pues lo he visto nacer, e ir creciendo, pero sobre todo, asisto casi a diario al entusiasmo que alumnos y profe depositan en él.

 Blog de Inma Camacho con quien creo comparto pasión por esta profesión, la poesía y la literatura Universal :) . A quien también me encantaría conocer "in person".

Blog de Inés Andrés, entusiasta profe que tuve el gusto de conocer un poquito en "Novadors".  Me encanta encontrarla por twitter, pero me haría más ilusión tomar con ella un café.

Blog de Literatura Universal capitaneado por Inma Camacho, con quien he compartido cuitas universales este año, al ser novata impartiendo esta asignatura. Me hacía especial  ilusión compartir este premio.

Blog de Mirella Gonell con quien comparto punto de vista educativo. Me han gustado las actividades que ha ido planteando a lo largo del curso.

domingo, 15 de abril de 2012

SABROSOS TEXTOS INSTRUCTIVOS

Uno de los últimos días de evaluación finalizamos culinariamente una actividad sobre tipología textual. Los alumnos de 2º eso habían realizados unos sabrosos textos instructivos, recetas de pasteles, empanadas etc y se me ocurrió decirles si les apetecería cocinarlos, comerlos en clase y subir al blog los resultados. Su entusiasmo ante la propuesta no me sorprendió, son un grupo muy participativo, además, como suele ocurrir con este tipo de actividades, suelen implicarse hasta los más reticentes. Así sucedió, no solo se implicaron ellos, también sus madres, abuelos pasteleros etc.
Cuando realizamos este tipo de actividades y la clase se transforma abandonando la situación espacial establecida, la seriedad y formalidad habitual, pueden apreciarse comportamientos diversos y muy interesantes que de lo contrario nos perderíamos. Además este año es factible propiciar este ambiente distendido y festivo de vez en cuando ya que se trata de un buen grupo.
Al finalizar la clase, los alumnos me regalaron algunos de los manjares sobrantes para que los llevara a la sala de profes, donde, a su vez siguieron surgiendo interesantes situaciones. La mayoría de profes se interesaron por aquello que aparecía por la puerta con tan buena pinta y yo, como soy buena compañera, compartí las tartas. Algunos se sorprendieron de que lo hubieran hecho los alumnos y de que tuviera algo que ver con castellano, otros tal vez pensaron que estaba un poco mal de la cabeza y que aquello no era muy "curricular". Lo mejor fue que algunos compas de matemáticas me comentaron que con aquellas tartas ellos también podrían realizar algunas actividades y yo apunté que sería genial preparar una experiencia interdepartamental. Luego...........nos lo comimos todo.



jueves, 22 de marzo de 2012

BACHILLERES, POESÍA, NOCTURNidad Y ALEVOSÍA

Ayer compartí con mis alumnos de bachiller nocturno el gusto de leer poemas en clase. Les comenté que se celebraba el Día Mundial de la Poesía y una alumna de 1º nos informó de que era TT en twitter. Hasta hoy no habían ocupado un espacio en este blog por diversos motivos, entre otros el estrés que genera el extenso currículo. Tengo la certeza de que este tipo de actividades funciona aunque no las había probado con bachiller y francamente fue una gozada. En 2º de bachiller hicimos la introducción a Miguel Hernández, leímos algunos poemas de la antología y posteriormente los grabamos. Los de 1º disfrutaron de la poesía de este gran escritor que ya conocían por la celebración del centenario y desentrañaron algunas de sus metáforas. De un modo u otro, ayer triunfó la poesía.







viernes, 16 de marzo de 2012

COMPARTIMOS CON VALLE INCLÁN LA ÚLTIMA TUTORÍA DEL 2º TRIMESTRE.



En ocasiones las lecturas de los libros de texto sirven para sorprender al profesor cuando los alumnos de su tutoría, de repente, se entusiasman por tener que leer teatro, en este caso Valle Inclán. A partir de ahí me enteré que el año anterior habían hecho teatro con una profe de valenciano y que les gustaba. Ayer les propuse dedicar la hora de tutoría a dramatizar dicho fragmento y este fue el resultado. Creo que la actividad de teatro ayuda a unir al grupo y crea situaciones que favorecen la convivencia entre todos,pieza fundamental para avanzar en los demás aprendizajes. De todos modos, me gustaría pedir desde aquí, a quien corresponda, directores, jefes de estudio etc.. que se intente, por todos los medios, no situar la hora de tutoría a últimas horas y al final de la semana, ya que conseguir algún resultado ,se convierte en una titánica tarea. Esta tutoría de 4º siempre anda sorprendiéndome :)

lunes, 5 de marzo de 2012

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ CUMPLE 85 AÑOS

El ahogado más hermoso del mundo

(De: La increíble y triste historia de cándida Eréndira y de su abuela desalmada, 1972, Editorial Sudamericana.)


Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado.

Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo.

No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdigadas en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, y a los pocos muertos que les iban causando los años tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando encontraron al ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos

Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mientras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando al ahogado. Le quitaron el lodo con tapones de esparto, le desenredaron del cabello los abrojos submarinos y le rasparon la rémora con fierros de desescamar pescados. A medida que lo hacían, notaron que su vegetación era de océanos remotos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban en piltrafas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que sobrellevaba la muerte con altivez, pues no tenía el semblante solitario de los otros ahogados del mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesteroso de los ahogados fluviales. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación.

No encontraron en el pueblo una cama bastante grande para tenderlo ni una mesa bastante sólida para velarlo. No le vinieron los pantalones de fiesta de los hombres más altos, ni las camisas dominicales de los más corpulentos, ni los zapatos del mejor plantado. Fascinadas por su desproporción y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un buen pedazo de vela cangreja, y una camisa de bramante de novia, para que pudiera continuar su muerte con dignidad. Mientras cosían sentadas en círculo, contemplando el cadáver entre puntada y puntada, les parecía que el viento no había sido nunca tan tenaz ni el Caribe había estado nunca tan ansioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pensando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél era capaz de hacer en una noche, y terminaron por repudiarlos en el fondo de sus corazones como los seres más escuálidos y mezquinos de la tierra. Andaban extraviadas por esos dédalos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había contemplado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró:

-Tiene cara de llamarse Esteban.

Era verdad. A la mayoría le bastó con rnirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más porfiadas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, tendido entre flores y con unos zapatos de charol, pudiera llamarse Lautaro. Pero fue una ilusión vana. El lienzo resultó escaso, los pantalones mal cortados y peor cosidos le quedaron estrechos, y las fuerzas ocultas de su corazón hacían saltar los botones de la camisa. Después de la media noche se adelgazaron los silbidos del viento y el mar cayó en el sopor del miércoles. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban. Las mujeres q ' ue lo habían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y raspado la barba no pudieron reprimir un estremecimiento de compasión cuando tuvieron que resignarse a dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infeliz con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas, a descalabrarse con los travesaños, a permanecer de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus tiernas y rosadas manos de buey de mar, mientras la dueña de casa buscaba la silla más resistente y le suplicaba muerta de miedo siéntese aquí Esteban, hágame el favor, y él recostado contra las paredes, sonriendo, no se preocupe señora, así estoy bien, con los talones en carne viva y las espaldas escaldadas de tanto repetir lo mismo en todas las visitas, no se preocupe señora, así estoy bien, sólo para no pasar por la vergüenza de desbaratar la silla, y acaso sin haber sabido nunca que quienes le decían no te vayas Esteban, espérate siquiera hasta que hierva el café, eran los mismos que después susurraban ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso. Esto pensaban las mujeres frente al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a sollozar. Las otras, asentándose entre sí, pasaron de los suspiros a los lamentos, y mientras más sollozaban más deseos sentían de llorar, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hombre más desvalido de la tierra, el más manso y el más servicial, el pobre Esteban. Asi que cuando los hombres volvieron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas sintieron un vacío de júbilo entre las lágrimas.

-¡Bendito sea Dios -suspiraron-: es nuestro!

Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. Cansados de las tortuosas averiguaciones de la noche, lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del intruso antes de que prendiera el sol bravo de aquel día árido y sin viento. Improvisaron unas angarillas con restos de trinquetes y botavaras, y las amarraron con carlingas de altura, para que resistieran el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla de buque mercante para que fondeara sin tropiezos en los mares más profundos donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia, de manera que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apresuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones, unas estorbando aquí porque querían ponerle al ahogado los escapularios del buen viento, otras estorbando allá para abrocharse una pulsera de orientación, y al cabo de tanto quítate de ahí mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto, a los hombres se les subieron al hígado las suspicacias, y empezaron a rezongar que con qué objeto tanta ferretería de altar mayor para un forastero, si por muchos estoperoles y calderetas que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían tripotando sus reliquias de pacotilla, llevando y trayendo, tropezando, mientras se les iba en suspiros lo que no se les iba en lágrimas, así que los hombres terminaron por despotricar que de cuándo acá semejante alboroto por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, mortificada por tanta indolencia, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento.

Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. Si les hubieran dicho Sir Walter Raleigh, quizás, hasta ellos se habrían impresionado con su acento de gringo, con su guacamaya en el hombro, con su arcabuz de matar caníbales, pero Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado como un sábalo, sin botines, con unos pantalones de sietemesino y esas uñas rocallosas que sólo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta de que estaba avergonzado, de que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, en serio, me hubiera amarrado yo mismo un áncora de galeón en el cuello y hubiera trastabillado como quien no quiere la cosa en los acantilados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles, como ustedes dicen, para no molestar a nadie con esta porquería de fiambre que no tiene nada que ver conmigo. Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban.

Fue así como le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a la distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que en los amaneceres de los años venturosos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas, miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban.

Encontrado en: http://www.gador.com.ar/cys/comunidad/cto_ahog.htm


(Dejando a un lado Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios, este cuento siempre me ha llegado al alma. Lo he leído muchas veces en clase con los alumnos, solía decirles que se lo regalaba y tuve que dejar de hacerlo ya que me emocionaba demasiado y reconozco que era algo complicado para los alumnos de la eso.)